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6 min de lectura4–6 años

La semilla que no quería dormir

Una semilla curiosa descubre por qué la noche también hace crecer.

Lectura

En un rincón del huerto, enterrada bajo una manta de tierra tibia, vivía una semilla pequeñita que se llamaba Pip. Era redonda, morenita y tenía una rayita dorada que parecía una sonrisa. Pip era muy curiosa, tan curiosa, que no quería dormir nunca.

«¿Para qué dormir?», se preguntaba, «si de noche pasan las cosas más interesantes del mundo».

Cada tarde, cuando el sol se escondía detrás del cerro y el cielo se ponía color naranja, la tierra susurraba con voz suave: «Duerme, Pip, duerme. Mañana será un día muy largo». Pero Pip abría un ojito, luego el otro, y se quedaba despierta escuchando el concierto de la noche.

¡Y vaya concierto! Los grillos afinaban sus violines verdes, las ranas cantaban en coro junto al charco y el viento jugaba a hacer bailar las hojas del sauce. Pip escuchaba todo con el corazón acelerado, sin pestañear, no fuera a perderse algo importante.

Una noche de verano, la Luna se asomó entre las hojas. Era una luna redonda y luminosa, de las que parecen una sonrisa colgada del cielo. Al ver a Pip despierta, se acercó un poco más y le dijo bajito:

«Pequeña Pip, ¿por qué no duermes? ¿Sabes? Yo también trabajo mientras tú duermes. Riego los sueños de todas las raíces del huerto para que mañana puedan estirarse un poquito más. El descanso también es un trabajo, el más dulce de todos».

Pip lo pensó despacio. Miró a la Luna, miró las estrellas que parpadeaban como luciérnagas dormidas, y de pronto sintió que sus ojitos pesaban como piedritas. Bostezó una vez. Bostezó dos veces. Bostezó tres veces, tan fuerte que las hojas de la hierba se movieron.

«Está bien, Luna», susurró Pip con voz ya soñolienta. «Solo esta noche… probaré a dormir». Y cerró los ojos, abrazada a su manta de tierra tibia.

Y esa misma noche, mientras Pip soñaba con lunas que regaban estrellas, ocurrió la magia: sin darse cuenta, le creció una raíz valiente que se estiró hacia abajo, y una hoja verde y suave que se asomó hacia el cielo.

Por la mañana, el sol la despertó con un beso dorado. Pip abrió los ojos, miró su hojita nueva, y descubrió el secreto más bonito del huerto: dormir también es una forma de crecer. Desde entonces, cada noche duerme profundamente… y cada mañana despierta un poquito más alta.

Fin

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